Psicóloga clínica y social

Integradora social

Formadora de formadores

Tecnopedagoga

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Tu mano virtual Diversidad Funcional

  
  

Un atardecer, sentada en la orilla, le pregunté al mar: ¿qué prefieres el día o la noche? Él hizo un minuto de silencio y me respondió: Me resulta difícil elegir puesto que cada uno me aporta cosas diferentes. El día con su luz y su calor me arropa y me protege, puede que a veces demasiado, pero a la vez, los rayos de sol me dan la energía y vitamina que necesito para hacer mis tareas.

En cambio, la noche me ofrece serenidad, silencio en el cual sólo se oye el movimiento, mi pensamiento, mis sueños… por eso por la noche me siento libre conmigo mismo. Pero por otra parte, soy consciente que si el uno o el otro no sería el mar, no podría disfrutar de la actividad humana ni ser libre de mi propio oleaje.

Y pensaréis: ¿A qué viene ahora esta historia? Pues bien, apreciados seguidores y lectores de mi espacio, si reflexionamos sobre la metáfora expuesta, nos daremos cuenta que arroja similitudes dadas en la vida de personas con diversidad funcional que dependemos de terceras personas para nuestros quehaceres diarios.

Puesto que por el día convivimos con el calor de la protección de nuestro entorno, el cual a veces nos calienta demasiado con sus rayos proteccionistas pero, a la vez, nos ofrece la ayuda que necesitamos para realizar lo que queremos y que no podemos hacer por nosotros mismos.

En cambio, por la noche nos puede pasar como al mar, que nos ofrece una libertad dentro del silencio y la calma de la oscuridad. Donde tan sólo estamos con nosotros mismos, con nuestros pensamientos y sueños, acompañados de la única luz natural: la luna. La cual no entiende de límites, deficiencias o diferencias. Podemos ser nosotros mismos pero, al mismo tiempo, nos falta esa ayuda, a veces molesta, pero necesaria para realizar según qué actividad.

Por eso el equilibrio está en nuestra mano, hasta dónde queremos que nos ayude el día y hasta dónde puede llegar nuestro pensamiento de la noche. Porque debemos ser quien lleva el timón de nuestra vida, pero el barco tampoco puede navegar sin que alguien controle el mástil. Quizás en nuestro caso el mástil lo tengan izar otra persona porque nosotros no podemos pero es dirigido por el capitán del barco, es decir, quien lleva el timón.

Así que no dejéis de controlar el barco porque el timón de la vida lo lleva uno mismo independientemente de las limitaciones, coordinándose con el resto de tripulantes que le ayudarán a navegar.

día y noche

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