Psicóloga clínica y social


Integradora social


Formadora de formadores

PsicoVan

Tu mano virtual en Diversidad Funcional

  
  

En esta sección compartiré pequeños relatos y cuentos con moraleja que nos llevan a reflexionar sobre nuestra realidad.

Una mañana soleada la ardilla paseaba por el lado de un acantilado, cuando se tropezó con el caparazón de una tortuga con la que coincidía con frecuencia, aunque casi siempre la encontraba cobijada en su caparazón. Por lo que ese día le picó la curiosidad y pensó: ¿Qué hará metida siempre ahí? ¿No se aburrirá?

Tras unos minutos contemplando a ver si sacaba la cabeza su vecina la tortuga, la inquieta ardilla decidió acariciar la corteza verde mar de su conocida y con voz tímida preguntó: “Buenos días, ¿estás ahí?”

La tortuga, recién levantada, pensó: "Ya estamos, otra curiosa que se piensa que no hay nada que hacer aquí dentro. Con el trabajo que tengo...". Resignada, la tortuga asomó la cabeza y saludó: “Buenos días, ¿Qué deseas?”

A lo que la ardilla, con una amable sonrisa, respondió: “Me preguntaba si… si te apetecería pasear o ir al rio… Como siempre te veo ahí metida sola… ¿No te aburres?”

La tortuga se quedó pensando durante unos segundos de qué manera responderle sin que se ofendiera. A lo que finalmente le contestó con una pregunta: “¿Verdad que tú no te cansas de ir de árbol en árbol? Pues yo siempre tengo que ir a poco a poco y con la casa a cuestas, por lo cual me resulta más difícil salir de forma frecuente, pero no por eso me aburro dentro de mi espacio, todo lo contrario, me siento más libre que cuando tengo que pedir ayuda porque no puedo sola llegar a un sitio.

foto miaPues si queridos lectores, seguramente estaréis pensando: “Ya se le ha ido la olla otra vez a PsicoVan.” A parte de eso, pensaréis que la historia se asemeja a muchas de nuestras vidas, sobre todo, cuando se tiene una diversidad funcional física, en que en muchas ocasiones nuestra habitación es el espacio más libre y confortable que encontramos. Dado que para ir a algún sitio o salir, muchos de nosotros, necesitamos de terceras personas.

Esto demuestra que cada persona elige su hábitat, igual que el caso de la tortuga en que su día a día no es el mismo que el de la ardilla, nosotros también tenemos derecho a construir y elegir nuestro espacio, que no tiene por qué ser el mismo que el de las personas de nuestro entorno.

Y es que, en muchas ocasiones, la dependencia hace que nuestro espacio se reduzca a una habitación, donde parte de nuestra socialización aparece detrás de una pantalla o a través de ella, donde nos sentimos más cómodos expresándonos a nuestra manera y a nuestro ritmo.

Este pequeño espacio, que posiblemente muchos no comprendan, nos hace o nos ayuda a crear nuestra propia identidad, sin que las personas que nos ayudan día a día influyan de manera directa en la creación y maduración de nuestra personalidad. En este espacio somos nosotros mismos, con nuestras inquietudes y necesidades psicoafectivas.

Pero, al mismo tiempo, tenemos que seguir luchando y buscando los recursos necesarios para externalizar esas necesidades como el resto de la sociedad. Por eso, también es importante no dejar de salir de nuestra guarida por muchos obstáculos que nos encontremos ante ello. Dado que la creación y la madurez tanto de nuestra identidad como de nuestro camino se irá proyectando gracias a la combinación de estos dos factores: la libertad en nosotros mismos y la superación de obstáculos a través de la autodeterminación. Porque como siempre digo, hacer las cosas de una manera diferente no significa que no las podamos hacer.

Elige que buscar y busca lo que desees, sólo así lo conseguirás.

Hace tiempo que quería traducir este cuento que hice hace años en un trabajo cuando estudiaba integración social.

Va dirigido a niños que están en centros de acogida, pero lleva un mensaje implícito que nos puede servir a cualquiera, incluso a personas con diversidad funcional que, por necesidades de asistencia, tienen que ir a vivir a una residencia.

Este cuento, puede que un tanto infantil y hecho cuando aún no sabía nada de psicología, quiere transmitir que, independientemente de donde estemos y de las adversidades que se nos presenten, podemos ser felices.

¡Porque ser feliz depende de ti!

¿Es posible ser feliz en cualquier circunstancia?

Como cuenta Rafael Santandreu en su libro “Las gafas de la felicidad”: “Para ser fuertes tenemos que cambiar nuestro dialogo interior.” (…) “Stephen Hopkins es feliz y no puede mover ni un músculo de su cuerpo. Al igual que Buergenthal, juez de la corte internacional de La Haya que de niño estuvo en un campo de exterminio nazi.”

Y es que mientras escribo estas líneas, la espasticidad hace de la suyas haciéndome trabajar un poco más para poder teclear cada palabra, pero, aun así, he aprendido a hacerme amiga de ese dolor que produce la tensión muscular y, en este momento soy feliz tan sólo de poder compartir el siguiente cuento con aquel que lo vea.

Porque, como aprendió el niño de la historia, en cualquier circunstancia se puede ser feliz.

 

Un atardecer, sentada en la orilla, le pregunté al mar: ¿qué prefieres el día o la noche? Él hizo un minuto de silencio y me respondió: Me resulta difícil elegir puesto que cada uno me aporta cosas diferentes. El día con su luz y su calor me arropa y me protege, puede que a veces demasiado, pero a la vez, los rayos de sol me dan la energía y vitamina que necesito para hacer mis tareas.

En cambio, la noche me ofrece serenidad, silencio en el cual sólo se oye el movimiento, mi pensamiento, mis sueños… por eso por la noche me siento libre conmigo mismo. Pero por otra parte, soy consciente que si el uno o el otro no sería el mar, no podría disfrutar de la actividad humana ni ser libre de mi propio oleaje.

Y pensaréis: ¿A qué viene ahora esta historia? Pues bien, apreciados seguidores y lectores de mi espacio, si reflexionamos sobre la metáfora expuesta, nos daremos cuenta que arroja similitudes dadas en la vida de personas con diversidad funcional que dependemos de terceras personas para nuestros quehaceres diarios.

Puesto que por el día convivimos con el calor de la protección de nuestro entorno, el cual a veces nos calienta demasiado con sus rayos proteccionistas pero, a la vez, nos ofrece la ayuda que necesitamos para realizar lo que queremos y que no podemos hacer por nosotros mismos.

En cambio, por la noche nos puede pasar como al mar, que nos ofrece una libertad dentro del silencio y la calma de la oscuridad. Donde tan sólo estamos con nosotros mismos, con nuestros pensamientos y sueños, acompañados de la única luz natural: la luna. La cual no entiende de límites, deficiencias o diferencias. Podemos ser nosotros mismos pero, al mismo tiempo, nos falta esa ayuda, a veces molesta, pero necesaria para realizar según qué actividad.

Por eso el equilibrio está en nuestra mano, hasta dónde queremos que nos ayude el día y hasta dónde puede llegar nuestro pensamiento de la noche. Porque debemos ser quien lleva el timón de nuestra vida, pero el barco tampoco puede navegar sin que alguien controle el mástil. Quizás en nuestro caso el mástil lo tengan izar otra persona porque nosotros no podemos pero es dirigido por el capitán del barco, es decir, quien lleva el timón.

Así que no dejéis de controlar el barco porque el timón de la vida lo lleva uno mismo independientemente de las limitaciones, coordinándose con el resto de tripulantes que le ayudarán a navegar.

día y noche

De vez en cuando me gusta ser soñadora y pensar en lo que podría ser, pero no es. En ese sentido, puede que el siguiente pensamiento pueda parecer surrealista, que en cierto modo lo es. Pero, ¿qué fabula no lleva algo de fantasioso y detrás se esconden algunas virutas de realidad?

Pues eso es exactamente lo que ocurre cuando, en instantes de silencio y reflexión, se me ocurre pensar: ¿qué pasaría si entendiéramos el lenguaje del resto de seres vivos, como plantas y animales? Evidentemente, nos enriqueceríamos el doble. Y aunque estaréis pensando: “A PsicoVan se le ha ido la pinza.” Quizá sea cierto, pero, aun así, permitirme compartir mi fábula con vosotros.

Imaginaros una bella y soleada tarde de mayo, paseando por las hierbas recién humedecidas de un prado verde, observando el murmullo de la naturaleza, nos fijamos en como una mariposa de cálidos colores se posa suavemente a reposar en los pétalos de una flor de color topacio. En segundos, sin apenas percatarnos, agudizando el oído, nos encontramos inmersos en una escucha activa de una conversación entre dos seres de la naturaleza distintos a nosotros.

mariposa y flor

Donde la flor, al percibir el rápido latido de la mariposa, le pregunta:

 - ¿A qué se debe ese cansancio?

A lo que la mariposa, tomando unos segundos de aire, le responde:

- Anda guapa, como se nota que tú no te mueves.

La flor, asombrada por la contestación, le replica:

- Cierto, no me muevo y no puedo disfrutar del mundo igual que tú.

La mariposa, crispada ya por el calor y ahora por la riña, aumenta su tono diciendo:

- ¿Disfrutar para ti quiere decir trabajar buscando comida y reproduciendo? En vez de tenerlo todo hecho como tú sin moverte.

A lo que la flor, ya rabiosa, replica:

- A ti te puede parecer maravilloso el no poder hacer nada, pero yo a veces, daría mis pétalos y mi belleza por poder volar, trabajar y disfrutar de la vida.

Entonces, la mariposa reflexiona y dice:

- Sí, quizás tengas razón, pero al mismo tiempo, tú también puedes disfrutar de aquello que te rodea de forma más plácida y no al ritmo frenético que supone el volar en busca de aquello que quieres.

Ante eso, la flor asombrada piensa:

- Pues tienes razón mi querida mariposa, a veces estamos tan obsesionados en desear lo del prójimo que no sabemos valorar aquello que tenemos. Quizás yo no pueda volar, pero tú no puedes apreciar los matices de la vida.

Sí, mis queridos seguidores, es lo que estáis pensando. Puede que la flor pueda tener diversidad funcional, pero sólo se percata de aquello que no alcanza o de aquello que no puede disfrutar y no intenta acogerse a aquello que tiene. Del mismo modo, la mariposa vive tan rápido que no disfruta de las ventajas que tiene el volar.

¿A dónde quiero llegar? Pues muy sencillo la diversidad es tan compleja y variada que a veces hacemos diverso aquello visible, cuando toda la humanidad tenemos alguna diversidad y limitación. Así pues, ni la belleza se consigue volando ni el descanso o bienestar reposando.

No deseemos lo del otro antes de buscar la felicidad en lo que tenemos.

 

Facebook