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Aquí os dejo un artículo de Ana B. Taboada, psicóloga especializada en discapacidad intelectual

Observo que cada vez más aparecen etiquetas con las cuales poder denominar algunas dificultades, trastornos, síndromes que aparecen en los niños. No tengo nada en contra de los diagnósticos, cuando están bien hechos, y en ocasiones son necesarios para poder entender las dificultades que presentan los niños y poder intervenir sobre ellas.

Pero creo que ni son obligatoriamente necesarios para empezar a intervenir, ni carecen de peligros….Ojo con como actuamos con los diagnósticos, porque un solo diagnóstico no representa en absoluto la idiosincrasia de cada uno de los niños, ni ayuda en muchas ocasiones a los niños y sus familias a avanzar con el posible tratamiento.

Si yo observo a un niño, lo evalúo, y lo conozco, tendré datos en la mano, dificultades reales con las cuales ponerme a trabajar sobre él, bien como padre, o como profesional. Pero un diagnóstico, que engloba una serie de requisitos comunes a todos los diagnósticos iguales a ese, puede que no me esté dando datos reales a cerca de mi caso en particular. Cada niño es un mundo y una etiqueta no condiciona ni limita todo lo que ese niño es.

Las palabras hacen mucho daño en ocasiones, o son fuente de malos entendidos, y generan en nosotros representaciones mentales que pueden llegar a perjudicar la imagen que personalmente tenemos sobre el niño, o que tiene su familia, o sus profesores, o su entorno en general.  Ejemplos de algunas  “etiquetas”  que se me vienen a la mente , son “Trastorno con  Déficit de Atención e Hiperactividad”, “Trastorno Negativista desafiante”, “Tiempo cognitivo lento”, entre otros….y lo último ya “Niños disfuncionales”….  Y hay cientos de ellos más…cada vez que aparece una dificultad en los niños, parece que hay una necesidad de agrupar una serie de requisitos y ponerle un nombre.

Hago una reflexión e invito a hacer lo mismo a los lectores, a cerca de las palabras que utilizamos para etiquetar las dificultades de nuestros hijos. Habíamos avanzado mucho cambiando términos como “Minusvalía” o “mongólico”, o “discapacitado”, por “personas con algún tipo de discapacidad” o “personas con diversidad funcional”. Estas nuevas palabras reflejan positividad, esperanza…pero en los casos anteriores, se añade a las ya características negativas del trastorno, el tener que asociarlas con palabras como “ negativista”, “déficit”, “desafiante”, “lento”, “disfuncional”!!!

Estaréis de acuerdo conmigo en que estas palabras no pueden representar imágenes mentales muy positivas a cerca de las dificultades que presentan los niños. No hago una campaña para abolir la creación de las etiquetas diagnósticas , pero si digo que se haga solo cuando realmente sea necesario, que se utilicen palabras apropiadas que no lleven carga negativa, y que se utilicen adecuadamente.

En mi opinión creo que es mucho más constructivo, y menos peyorativo para todos, el hablar de las dificultades reales que presenta cada uno de los niños, y no englobarlos en una etiqueta que probablemente poco dice del niño que la lleva.

Hablemos pues de problemas de conducta, dificultades de aprendizaje, dificultades en la atención, dificultades a la hora de organizarse, dificultades a la hora de estudiar, dificultades de lenguaje, etc, etc. Y desarrollemos estrategias e intervenciones para mejorarlas, que en realidad es lo verdaderamente importante. No sigamos contribuyendo a que nuestros hijos sean conocidos y reconocidos por etiquetas “el hiperactivo”, “el lento”, “el disfuncional”, ….
Los niños ya tienen nombres.

Ana B. Taboada

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