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Imagen bola de navidadSi observamos el estado de ánimo de la población en general en épocas davideñas, nos damos cuenta que éste disminuye. Muchas personas encuentran la navidad como un paseo nostálgico por aquellos recuerdos emborronados de tímida tristeza húmeda al añorar a los que ya no están.

Añoranza que se  ve adornada por el deseo de hacer  felices a los que ahora son los más allegados: familias y amigos, a través de la ansiada magia de la Navidad  que conduce a realizar compras y regalos a estos seres queridos.

Costumbre que podemos otorgar al movimiento capitalista que incita a consumir para estas fechas. Si bien es cierto que podemos proveernos de críticas consistentes ante tal materialismo, no sería menos cierto que éste actúa o  es utilizado como mecanismo de defensa ante el declive anímico antes mencionado que aparece por estas fechas.

Quizás, por eso, ante la imposibilidad a veces de realizar ésta actividad consumista pero oxigenadora,  se dan más casos de depresión navideña entre la población con diversidad funcional.

¿Pero qué puede conducir al desánimo navideño a una persona con diversidad funcional?

  • El principal motivo es el grado de dependencia, el cual regula la actividad social de cada persona con discapacidad. Así si una persona no dispone de autonomía para ir de compras o quedar con amigos, significa que tiene más tiempo para recordar a los seres queridos y revivir su duelo. Es decir, en este caso no podemos disponer del mecanismo de evitación anterior.
  • Otro factor influyente es, una vez más, la sobreprotección o infantilización emitida por el entorno más cercano, el cual sin querer nos puede resignar a recibir sin poder ofrecer. Es decir, buscar nuestra satisfacción y bienestar a través de los regalos, pensando que es lo que nos hará más felices. Quizás la sobreprotección que algunos familiares ejercen sobre nosotros hace que nos vean como infantes eternos, pasando por alto, sin darse cuenta que esta acción conlleva efectos contrarios a los buscados en nosotros. Esta ausencia de búsqueda de recursos para que podamos realizar las mismas tradiciones consumistas o lúdicas que el resto, provoca a la persona con diversidad funcional sentimiento de impotencia, frustración y, de nuevo, se resignan a recibir sin poder ofrecer, lo cual ayuda al declive depresivo navideño al que nos referimos.
  • También la accesibilidad de los sitios supone un obstáculo negativo para la persona con movilidad reducida, dado que impide una vez más acceder a la cotidianidad de estas fechas y poder realizar compras y celebraciones. Hecho que también fomenta la disminución anímica de la persona, la cual de nuevo encuentra la frustración en su camino.
  • A menudo tenemos reparo de expresar aquello que sentimos, como ese deseo de intentar hacer cosas en cuales se necesita cierto grado de asistencia y vemos que nuestro entorno está muy ocupado o, en ocasiones, no se expresa porque la propia persona no ve solución posible y se lo guarda para ella.

¿Qué podemos hacer ante este cúmulo de situaciones?

  • Obviamente, la Navidad como cualquier otra tradición también tiene partes positivas que a veces se ocultan tras la cortina que generan las situaciones anteriores. Por ese motivo, debemos buscar alternativas para no prolongar o incrementar demasiado el recuerdo por los que han marchado o quizás buscar la parte bonita de ese recuerdo. Aquella que nos hace felices.
  • En la búsqueda de alternativas también se incluye la creatividad. No sólo los regalos materiales son lo que crea la magia de la Navidad sino lo que elabora uno mismo, ya sea dibujo, escrito, manualidad, esta opción a la vez, puede otorgar un mayor significado para el que recibe el detalle. Además de aumentar la autoestima de la persona creadora del regalo.
  • Informar al entorno más cercano del deseo de buscar una solución para realizar aquello que se desea en las mismas condiciones que el resto, con la mayor autonomía posible. En este caso podría ser buscando una persona o asistente personal que le acompañara hacer las compras navideñas y buscar alternativas de ocupación. Puesto que en el periodo festivo se tiende a disponer de más tiempo libre y esto puede potenciar de nuevo los recuerdos negativos o la impotencia de no poder hacer las mismas cosas que los demás.

A través de una comunicación fluida y directa se puede llegar a un acuerdo de intereses y a la vez, facilitar al entorno aquello que quizás pasaba desapercibido como puede ser nuestros deseos e inquietudes.

Nunca tenemos que dar nada por hecho ni por sabido, ni por una parte ni por la otra. A veces nos recluimos en nosotros mismos y es cuando aparece la tristeza, la soledad y la impotencia. En cambio, si lo compartimos e intentamos buscar alternativas paliativas para evitar estados emocionales negativos, mejoraremos tanto nuestro bienestar como el de los más allegados.

La felicidad está en las pequeñas cosas que encontramos por el camino.

 

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