Psicóloga clínica y social

Integradora social

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Tu mano virtual Diversidad Funcional

  
  

imagen de una silla de ruedasEn la sobreprotección familiar surgen conflictos a menudo, además de los típicos de los valores y pensamientos que nos quieren inculcar la familia como a cualquier otro hijo, aparecen miedos y preocupaciones propias de los padres o familiares que conviven con la persona con diversidad funcional.

Estas discusiones familiares de carácter cotidiano, surgen en todos los hogares hayan personas con discapacidad o no. Lo que pasa es que en una situación sin discapacidad, cuando ambas partes ven que no pueden llegar a un acuerdo por la alteración o ofuscación, el adolescente o joven tiende a salir un rato de casa buscando la calma o evadirse. Esta acción o comportamiento puede evitar que el conflicto vaya a más, otras veces, esta acción favorece el diálogo y entendimiento posterior para llegar a un acuerdo entre ambas partes.

Pero esta alternativa la mayoría de personas con discapacidad física no pueden llevarla a cabo, dado que les es difícil salir de casa sin ayuda de un tercero. Lo cual, muchas veces, lleva a la resignación de la decisión que toman los cuidadores o la familia. Hecho que puede conducir a la dificultad de la autonomía, libertad de creación de la propia identidad, además del sentimiento de frustración.

En otras ocasiones, la discusión se eleva hasta puntos trascendentes, donde ambas partes se recriminan cosas que luego se arrepienten. Eso sucede por falta de un espacio de oxigenación, donde calmarse e intentar comprender.

Es por eso que una manera alternativa para encauzar las discusiones, sería acordar espacios propios dentro del hogar para cada miembro de la familia y, cuando aparezca una situación tensa, darse un tiempo para reflexionar de forma individual sobre los diferentes puntos de vista.

Una vez hecho esto, se deben reunir y acordar una medida intermedia, donde la persona con diversidad funcional no sea siempre el que se resigne ni tampoco la víctima.

Entre todos debemos actuar como si la discapacidad fuera una característica más de la persona, no un condicionante que lleve a tener más cuidados o protección.

Debemos pensar, que con los recursos adecuados, las personas con discapacidad tenemos que convivir como el resto de los miembros de la comunidad.

Dicen que entre algunos mamíferos y la especie humana tan sólo nos diferencia el poder de razonar. Pero paradójicamente, los mamíferos salen del nido o del cuidado de la madre muy tempranamente, en cambio nosotros, que muchas veces nos creemos superiores, tenemos que seguir un proceso de aprendizaje mucho más prolongado y supervisado por los mayores.
Esta supervisión se agudiza en personas con diversidad funcional, creando un vínculo de sobreprotección que muchas veces dificulta la creación de una identidad propia, o por lo menos, ésta es tardía. Lo que implica una menor autonomía de las personas con discapacidad.
Personas que luchan constantemente por la superación de las barreras sociales que, habitualmente comienzan en el seno familiar, impidiendo una evolución ordinaria.
Es cierto que las personas con diversidad funcional muchas veces necesitamos la ayuda de un tercero para realizar algún tipo de tarea, pero eso no impide tomar nuestras propias decisiones, hecho que la familia dificulta por sobreprotegernos. ¿Donde está la línea de la ayuda y la invasión? Ésta cuestión se refleja claramente en el poema de Jorge Bucay: "quiero".
Ese poema da a reflexionar.

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