Psicóloga clínica y social

Integradora social

Formadora de formadores

Tecnopedagoga

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Tu mano virtual Diversidad Funcional

  
  

manos estrechadasComo he comentado en varios artículos, la sobreprotección del entorno de una persona con diversidad funcional puede convertirse en perjudicial para ésta, puesto que sin querer, tiende a reducir su autonomía.

Éste último concepto está a la orden del día en la actualidad, fomentándolo como oro en paño. Pero en realidad, ¿ésa autonomía de quien depende?

Si bien cierto es que nuestra familia nos corta las alas por el temor a que nos pase algo, sobre todo cuando queremos salir solos, también nos suelen ayudar en tareas básicas como el vestir o el comer, cuando en algunas de ellas podemos colaborar activamente o, incluso, hacerlo nosotros solos. Pero, curiosamente, en esos casos ya nos va bien un poco de protección. Y es que… ¿a quién no le gusta que le hagan las cosas?

Sin embargo, ese: "dejar que nos hagan”, en personas con diversidad funcional, se puede convertir en un arma de doble filo. Puesto que si nos dejamos proteger en unos casos, eso nos puede debilitar ante situaciones donde solicitamos nuestra propia autonomía e independencia. Por lo tanto, debemos ser consecuentes y no sólo reclamar el derecho a ese espacio de autodecisión,  tan vital por otro lado.

Ante esta situación, debemos acordar pautas con nuestros familiares y, al mismo tiempo, con nosotros mismos.

Acuerdos con los familiares:

  • Que nos dejen un espacio de intimidad, pero nosotros a ellos también. Todo ser humano necesita ese espacio.
  • Que sólo nos ayuden en aquello que NO podemos hacer. Del mismo modo que nosotros también  les podemos prestar ayuda. Debe ser una ayuda recíproca y no utilizar la discapacidad como excusa.
  • Acordar salidas y dar tranquilidad. Sus miedos son dados por la incertidumbre de lo que nos  pueda pasar, Si al principio les explicamos a  dónde, cómo y con quién vamos, se quedarán más tranquilos y poco a poco se darán cuenta que tenemos los mismos riesgos que cualquier persona.
  • Tener flexibilidad por parte de ambas partes. Ni  ellos están a disposición nuestra 24hs ni nosotros debemos permanecer a su vera todo el día. Si nos tienen que acompañar, debemos acordar el cuándo y el cómo.
  • Evitar la desesperación. A veces nos sentimos impotentes por no poder hacer lo que queremos o porque no nos lo dejan hacer, en ese momento nuestro instinto es chillar y es cuando perdemos la razón ambas partes. Aunque sea difícil, debemos pararnos a pensar en el porqué de esa situación e intentar buscar una solución equilibrada para las dos partes.  Tarea complicada cuando se está en caliente, por este motivo, resulta beneficioso parar la conversación antes de acalorarnos, pensar cinco minutos a solas y buscar una solución conjunta.

Pautas para nosotros mismos:

  • Reflexionar sobre la viabilidad de lo que queremos hacer, si lo  podemos realizar o no y cómo.
  • Hacer todo lo que podamos por nosotros mismos, sin pensar: “Como me lo van hacer, para qué hacerlo.” Nuestra propia iniciativa hará que nuestro entorno confíe más en nuestra autonomía.
  • Creer en nuestras posibilidades, no decir que no se puede sin intentarlo.
  • Detallar la ayuda que se necesita para que no nos den más de la necesaria y así no fomentar la sobreprotección nosotros mismos.
  • Transmitir nuestra necesidad de autonomía pero, a la vez, intentar empatizar con los temores de nuestra familia.

Como vemos, nuestra autonomía depende de ambas partes. De comprender y ser comprendido.

Como dijo Janet Barnes:

“No estoy en desventaja por mi condición. Estoy físicamente desafiada y capacitada de forma diferente.”

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