Psicóloga clínica y social


Integradora social


Formadora de formadores

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Tu mano virtual en Diversidad Funcional

  
  

Quizás en la discapacidad adquirida, se dé en menor grado la influencia familiar en la construcción del futuro, si esta persona recopila recursos necesarios para sustituir las deficiencias físicas consecuentes de la discapacidad adquirida. Esta disminución del grado de influencia se debe a un pasado sin discapacidad, el cual la persona tiende a querer recuperar. Este propósito hace reafirmar la identidad de la propia persona, lo que se ve debilidad en la discapacidad congénita, donde desde un principio, la persona es dependiente de los ideales familiares y, en según qué casos, prisionera. Factor que hace más difícil la separación de identidades y la creación de una personalidad propia con la que construir un futuro individual y personalizado a pesar de las ayudas asistenciales que deba percibir por su condición física.

Éste aspeto, entre otro,se pretende reflexionar en este apartado.


 

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Tras 25 años de trabajo, Luis Huete ha desarrollado la capacidad de integrar planos que suelen estar en conflicto: lo profesional y lo personal, el éxito y el logro, lo de hoy lo de mañana. Y esa capacidad -conquistada con esfuerzo- le ha permitido identificar y explicar unas estrategias para, paso a paso, lograr el verdadero progreso personal.

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Autor/es Fernández Galindo, Marian;

Revista: Autonomía Personal

Año: 2011

Número: 5

Páginas: 54-59

ISSN: 2172-3206

Resumen:

La reacción ansiosa o la experiencia de miedo es un patrón complejo de respuestas fisiológicas y psicológicas que permiten al individuo protegerse y/o defenderse de los peligros. El problema reside en entender qué es lo que el cerebro identifica como peligro. El temor generalizado a lo desconocido nos lleva a una de las causas principales de la ansiedad (sin despreciar factores como la predisposición genética). El ser humano nace en un estado de intenso desvalimiento pero también disfruta de poderosas tendencias a cuidar y a ser cuidado. Son los primeros cuidados los que van generando en los cerebros la corrección de los miedos innatos y una capacidad adquirida para manejar el miedo y dominarlo. Pero distintas circunstancias pueden hacer fallar este mecanismo.

Resumen realizado por el/los autores recogido del propio artículo
 

El programa de mentorado del CERMI ha logrado ya que más de 20 mujeres con discapacidad formen parejas de mentora y mentorada.

Una mujer con discapacidad decide ser mentora de otra con el único fin de ayudar, como acto de entrega voluntario. El programa de mentorado del CERMI ha logrado ya que más de 20 mujeres con discapacidad formen parejas de mentora y mentorada. Se ven, o se escriben, hablan, comparten experiencias, se imitan, se apoyan. Una será mentora y otra mentorada hasta que logren su objetivo: la autonomía, confianza y empoderamiento que la mentora transmite a la mentorada.

Así como las neuronas espejo nos empujan a imitar algunos gestos o acciones que vemos en los demás, ya sea un bostezo o una sonrisa, algunas mujeres con discapacidad sirven también de espejo a otras, de aprendizaje, impulso y motivación.

Pepa lo consiguió con Mayte. Ella pudo observar cómo Mayte se subía al coche adaptado, cómo iba de compras sin que la silla de ruedas fuera un obstáculo más, y cómo cuidaba de su niña con soltura, con algunos trucos y mucho amor, por supuesto.

Mayte y Pepa forman una pareja ya consolidada, de mentora y mentorada. Se conocieron por un programa de Aspaym que tenía una finalidad similar. Pepa nos cuenta cómo empezó todo: “yo era una lesionada medular reciente y tenía preguntas muy básicas, como por ejemplo, cómo te puedes subir un pantalón en un baño adaptado público; eran consultas de tipo práctico, y tenía la necesidad de conocer a alguien que hubiese pasado por esa experiencia y me contara los trucos del día a día”. Y después de afianzarse en su movilidad, Pepa se quedó embarazada. Fue entonces cuando surgió el programa de mentorado del CERMI y Mayte se ofreció como mentora de Pepa, porque ahora ella necesitaba un buen ejemplo y guía para su futura maternidad.

“Cuando empezó el programa de mentorado Pepa se había quedado embarazada y le surgían muchísimas dudas en torno a la maternidad, algo que surge sin tener una discapacidad, y claro, un poco más con una discapacidad”, explica Mayte. “Le facilité el contacto de otra chica que había estado embarazada en silla de ruedas y luego fue conociendo conmigo los problemas con la niña, cómo bañarla, cómo llevarla cuando era un bebé… detalles del día a día”.

Programa de acompañamiento y apoyo

El programa de mentorado del CERMI, uno de los primeros que presenta el CERMI con cargo al IRPF, lleva ya un par de años de recorrido y el número de parejas aumenta poco a poco. La idea principal es lograr la inclusión social de mujeres con discapacidad que, por algún motivo, están sujetas a un mayor riesgo de exclusión, y al mismo tiempo se propone promover la participación y movilización de las mujeres, el voluntariado.

Así lo explica Pilar Villarino, directora ejecutiva del CERMI: “la idea del mentorado social lo que pretende es que mujeres con discapacidad que han logrado una plena autonomía en su vida apoyen, orienten, acompañen a mujeres con discapacidad que, por el motivo que sea, no han llegado a ese estadio de autonomía”.

“He aprendido de Mayte que no hay que ponerse barreras uno mismo, que hay que tirar para adelante como sea. He aprendido de su ejemplo, es una persona activa, está metida en miles de cosas y te demuestra que se puede hacer todo lo que te propongas y más…”

Pepa y Mayte iban juntas a hacer deporte, al cine, a comer, cocinaban juntas… y hablaban continuamente. “He aprendido de Mayte que no hay que ponerse barreras uno mismo, que hay que tirar para adelante como sea. He aprendido de su ejemplo, es una persona activa, está metida en miles de cosas y te demuestra que se puede hacer todo lo que te propongas y más…”, así lo cuenta Pepa, una mentorada que ahora es también mentora, por razones evidentes, como explica ella: “me ofrecieron ser mentora también y no me pude negar porque yo he tenido una oportunidad fabulosa y creo que puede ser algo muy positivo para quien sea mi mentorada; me gusta esta experiencia porque transmito a otra persona unas pautas y hábitos que le pueden facilitar muchísimo la vida”.

Las parejas no se forman de manera espontánea, hay una serie de personas encargadas de organizar el programa, de buscar mentora y mentorada e intentar que cada una encuentre la persona que realmente necesita. Juani Tubío, de COGAMI, nos cuenta cómo es el proceso: “Se puede elegir pareja pero se estudia cada caso; se hace un análisis de las características individuales de las mujeres potencialmente mentoras y de las mujeres potencialmente mentoradas junto con los objetivos que tienen que conseguir cada una”.

Hay mujeres que han pasado por procesos de distintos tipos de violencia y precisan este apoyo para recuperar su autoestima y hay otras mujeres que están muy protegidas por sus familias y no tienen autonomía para poder tomar sus propias decisiones.

En COGAMI han desarrollado el programa con gran éxito y tienen un total de 14 parejas. “Las parejas son de todo tipo; en principio tratamos de que fueran con la misma discapacidad, principalmente con discapacidad física, pero después probamos con personas de distinta discapacidad, intelectual con discapacidad física o viceversa, y esto fue el detonante del éxito”, explica Tubío.

El tipo de apoyo que necesitan es muy variado. Por ejemplo, en COGAMI tienen parejas que están trabajando la motivación de cara aumentar la participación social, y es un grupo importante. También hay mujeres que han pasado por procesos de distintos tipos de violencia y precisan este apoyo para recuperar su autoestima y hay otras mujeres que están muy protegidas por sus familias y no tienen autonomía para poder tomar sus propias decisiones.

Y más casos de auténtico éxito y buen ejemplo, como cuenta Juani Tubío: “Otras mujeres no creen en sus capacidades y gracias al programa de mentorado han conseguido participar en procesos de selección de personal para optar a un puesto de trabajo”.

Parejas de éxito

En definitiva, “lo que necesite puntualmente la persona mentorada es lo que la mentora intenta darle”, explica Mercedes Pérez de Prada, técnica de apoyo al Área de Género y Discapacidad del CERMI, y añade: “es todo muy personalizado, según las necesidades de cada mujer, por ejemplo, hay acompañamiento para la búsqueda de empleo, o centro ocupacional, hay parejas que se unen para la formación sobre maternidad, hay una chica que acompaña a otra al supermercado a hacer la compra, hay parejas para superar problemas de violencia de género, para aprender a criar niños… es un poco a la carta”.

Además, no hay un periodo fijado de manera estricta, la pareja puede durar meses o años, “termina cuando la persona mentorada logre la autonomía deseada”, afirma Mercedes Pérez de Prada. Tampoco está cerrado el ritmo de encuentros, ya que algunas mujeres necesitan un apoyo semanal, pero otras se van adaptando con una frecuencia menor, y en algunos casos, el mentorado se lleva a cabo a través de ordenador, por ejemplo, y es un sistema cuyos tiempos son más flexibles.

“He visto y aprendido el deber individual de decidir sobre todos los aspectos de nuestras vidas”

“Mi mentora es como mi guía. Ella me acompaña activamente en el proceso para aprender nuevos contenidos y ser cada vez más, una mujer con discapacidad empoderada”, cuenta con orgullo Mari.

“El mentorado me ha servido para valorar y aprender de las experiencias personales de otra mujer con discapacidad, he aprendido cómo resuelve situaciones relevantes en su vida, he aprendido la importancia de la actitud ante todo lo que se presenta, y cómo se ve ella misma como mujer con discapacidad, cómo valora sus capacidades, lo activa que es y, sobre todo, he visto y aprendido el deber individual de decidir sobre todos los aspectos de nuestras vidas”. Mari destaca todos los beneficios que le ha procurado el contacto con su mentora, y se siente feliz: “no me ha costado nada mantener un contacto regularmente porque ansiaba que llegara el día, disfrutaba mucho en las sesiones de trabajo mutuo”.

Ella pidió participar en el programa de mentorado para fortalecerse como mujer con discapacidad: “la idea de participar en este programa surge del interés y la curiosidad de aprovechar al máximo el número de herramientas posibles a mi alcance, para así continuar mi fortalecimiento como mujer con discapacidad. Son varias las experiencias que han marcado mi vida, y es por ello que este camino se hace más necesario. Conocer a otras mujeres también es un objetivo porque desde la separación de mi ex marido, he echado mucho en falta nuevas amistades. Es muy importante tener una red de apoyo a nuestro alrededor”.

Por su parte, Lolita, su mentora, se siente también feliz. El programa de mentorado es de apoyo mutuo. Una mujer necesita apoyo, acompañamiento, ayuda, lo que sea, pero al final son ambas las que salen fortalecidas: “participar en el programa me ha servido para crecer como persona, como mujer con discapacidad porque el papel de mentora también implica aprendizaje igualmente de las experiencias de la otra persona a la que acompañas; he aprendido de mi mentorada las consecuencias de la no capacidad para decidir, dominada por las ataduras de su anterior pareja. He valorado mucho que se haya planteado en un momento salir de una situación de violencia y que ahora se marque el objetivo de volver a recomponer su vida. Todas son ataduras de distinto color y distinto nombre. Pero todas son importantes”.

“Es posible y necesario apoyarse en otra persona igual a ti, para motivarla, que crezca y vea que debemos creer en nosotras mismas para llegar a cambiar, creer en lo que podemos llegar a ser”

“Me ofrecí como mentora porque yo soy tetrapléjica y necesito el apoyo para todo excepto para pensar y aguantar mi cabeza. Pero este hecho no ha provocado en mi otra cosa que no haya sido la lucha continua por eliminar cuantas barreras me encontrara en el camino (arquitectónicas, actitudinales…). Esto es mi forma de demostrar que es posible y necesario apoyarse en otra persona igual a ti, para motivarla, que crezca y vea que debemos creer en nosotras mismas para llegar a cambiar, creer en lo que podemos llegar a ser. El objetivo de la pareja es trabajar conjuntamente para caminar hacia el empoderamiento de una mujer con discapacidad”, explica Lolita.

Ella también espera ansiosa cada semana el día del encuentro con Mari: “Hemos encontrado muchos elementos comunes en nuestras vidas, lo que ha hecho que nos uniéramos a través de muchos más lazos”.

Otra pareja del programa la componen Carla, con discapacidad intelectual, y Pepa, con discapacidad física. Llevan juntas unos meses y se han visto en unas cuatro ocasiones, pero hablan por teléfono a menudo. Carla, mentorada, está feliz y se siente bien. Le gusta hablar con Pepa porque la comprende y le ayuda. Cree que ya no es tan tímida, porque Pepa le ayuda a superar esos momentos difíciles, aunque todavía le cuesta un poco. Ella también espera con ilusión su próximo encuentro.

Cambio de papeles

Mayte, Pepa, Mari, Lolita, Carla… hay muchos nombres en la lista de parejas del programa de mentorado. Unos pertenecen a la columna de “mujeres mentoras”, y otros, a la de “mujeres mentoradas”. Sin embargo, ya ha empezado a alterarse el orden de esas columnas, algunas mujeres han decidido pasar de ser mentoradas, a mentoras. Como Pepa, que además siente que es una obligación puesto que también ella se ha beneficiado de algo así.

En COGAMI también tienen una mentorada que ha pasado a ser mentora, y habrá más casos, asegura Juani Tubío, conociendo cómo se desarrolla este programa y la respuesta de estas mujeres.

Pero también se suceden otros cambios en estas parejas. Algunas mujeres logran lazos nuevos y definitivos, como explica Mayte: “el mentorado con Pepa ya ha terminado, ahora sólo mantenemos contactos y encuentros de mantenimiento, pero en realidad es una amistad; hablas de muchas cosas, temas incluso muy personales, y esa cercanía facilita que se estreche el vínculo; normalmente te abres mucho más y entregas y recibes más de lo que es puramente el programa de mentorado”.

Pepa también reconoce esa amistad tan importante: “Mi círculo de amistad sigue siendo el mismo, tu ambiente no cambia cuando tienes un accidente y empiezas a moverte en una silla de ruedas, pero viene bien ampliarlo, y sobre todo con una persona que es como tú, que tiene la misma discapacidad y entiende mejor tu nueva vida en ese aspecto”.

Fuente: CERMI

Via: http://autismomadrid.es/2012/07/14/el-ejemplo-de-una-mujer-con-discapacidad-programa-de-mentorado-social-para-mujeres-con-discapacidad/

Como bien sabemos, los conceptos discapacidad, deficiencia y disminución están relacionados entre sí, aunque a veces se tienden a confundir.

Es por ello bueno hacer una pequeña referencia y, lo primero es realizar una introducción definitoria para, posteriormente, reflexionar ante una comparativa a modo de diferenciación.

Las definimos:

Discapacidad: Hace referencia a la reducción de capacidad debido a una deficiencia, para llevar a cabo sus planes o necesidades. La organización Mundial de la Salud (OMS) define discapacidad como "la restricción o ausencia de la capacidad para realizar alguna actividad, en la forma dentro del límite que se considera normal para un ser humano". Una persona discapacitada, representa que sufre las consecuencias de una deficiencia en el rendimiento funcional y ello implica la reducción de capacidad para realizar alguna actividad en la forma o dentro de los límites de lo que se considera "normal" en la sociedad o cultura en la que está. Por lo tanto, esta persona se sentirá limitada por las dificultades que le puede suponer adecuarse al medio que le rodea, esto puede ocasionar problemas en su participación e implicación en las situaciones vitales.

Sin embargo, centrándonos en la discapacidad funcional, se puede definir ésta como la disminución o ausencia de las funciones motoras o físicas (ausencia de una mano, pierna, pie, entre otros), disminuyendo su desarrollo reglamentario diario.

Estos déficits, en la mayoría de los casos, producen una reducción de la autonomía, ya que se depende de terceras personas. Esta dependencia puede promover un proteccionismo por parte de los cuidadores. Factores subyacentes en el entorno de la persona con discapacidad.

Quizás podamos observar cómo estos factores, en cierto modo, puedan llegar a agudizar las reducciones ante la autonomía que presenta la discapacidad en el aspecto funcional.

 

Deficiencia: es toda pérdida o irregularidad de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica. Son pérdidas o diferencias que pueden ser temporales o permanentes, entre las que se incluyen la existencia o aparición de una anomalía, defecto o pérdida producida en un miembro, órgano, tejido u otra estructura del cuerpo, incluidos los sistemas propios de la función mental. Podríamos decir que es la Lesión.

 

Disminución: Convertir en menor, hacer más pequeño, que no llega al límite establecido. Si pensamos en una persona con disminución (psíquica, física o sensorial) pensamos que esta disminución le dificulta el desarrollo de un rol que se entiende como "normal" en función de la edad y de las normas sociales y culturales. Está muy relacionada con la falta de independencia, esto hace que la persona que sufre una disminución encuentre dificultades para moverse con total "normalidad" en la sociedad en la que está insertada.

 

La relación:

Como hemos podido ver, estos tres conceptos (discapacidad, deficiencia y disminución) están relacionados entre sí. Dado que cuando tienes una deficiencia, por ejemplo visual, esto conlleva categorizarlo como discapacidad; puesto que se produce una disminución visual, esto, produce una dificultad para realizar las actividades de la vida diaria.

No por ello, la discapacidad conlleva una vida deficiente, sino que esta disminución, ya sea a nivel físico, psíquico o sensorial, conserva la necesidad de aumentar los recursos para complementar el déficit producido por una lesión. En este caso visual, donde se da una disminución sensorial que requiere la búsqueda de ayudas externas para complementar y llevar una vida orientada a la normalidad.

Partiendo de la base que lo normal es subjetivo, tener un déficit sólo conlleva la disminución de una parte del organismo, no por ello, la discapacidad conlleva una disminución de la capacidad, sino por el contrario, la búsqueda de estos recursos para superarse día a día, produce un estado de ánimo positivo y estimulante en la medida que se reduce la disminución que se presenta.

Por todo ello, pienso que la disminución es producida por un déficit orgánico o psíquico que conlleva la etiqueta del discapacitado, no por ello la diversidad funcional impide llevar  y crear una vida normalizada, donde lo diferente es común y lo normal es verlo así, aunque la sociedad genera cánones que impiden integrarse o dificultan la inserción dentro de la diferencia.

Al igual que no todos tenemos el mismo color de ojos o de piel, el déficit conlleva una diferencia más, que se ve incrementada por una disminución con respecto a la discapacidad. Aunque como hemos dicho, esta disminución se puede recompensar a través de recursos de la propia persona y ayudas técnicas, lo que hace que la discapacidad no sea una simple disminución de la capacidad, sino sobre todo a nivel de la carencia de carácter físico, conlleva una superación diaria ante la disminución, lo que permite una superación moral de la discapacidad. O dicho de otro modo, la discapacidad y su disminución produce estrategias que hacen aumentar la capacidad del ser humano ante su déficit y sobre todo ante las barreras sociales y arquitectónicas que se va encontrando día a día, minuto a minuto. Es en esta lucha diaria donde hay que superar los obstáculos que sevan  interponiendo.

Dicen que ambos conceptos acaban significando lo mismo. Aunque si analizamos el significado de raíz de cada término, podemos hallar un pequeño matiz diferenciador:

  • Discapacidad: Según la OMS en su Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (CIDDM), publicada en 1980, una discapacidad "es toda restricción o ausencia (debida a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para un ser humano."
  • Diversidad funcional es un término alternativo al de discapacidad que ha comenzado a utilizarse en España por iniciativa de los propios afectados. El término fue propuesto en el Foro de Vida Independiente, en enero de 2005 y pretende sustituir a otros cuya semántica puede considerarse peyorativa, tales como "discapacidad" o "minusvalía". Se propone un cambio hacia una terminología no negativa, no rehabilitadora, sobre la diversidad funcional.

Como el contraste de definiciones indica, el término discapacidad incide en el componente disminución como adjetivo indicativo de la capacidad, es decir, viene a ser su complemento directo, subrayando como es la capacidad.

En cambio, si simplificamos el término diversidad funcional, vemos que no se reduce a la especificación de características, sino que incluye a la diferencia en un todo, donde desaparecen complementos discriminativos como “dis” o “minus”. Donde todos somos diferentes pero no más o menos que el otro.

Si en la diversidad racial nace la multiculturalidad como eje de una nueva sociedad enriquecida, con la diversidad funcional se pretende no evidenciar la diferencia funcional. ¿Qué repercusión tiene que una secretaria teclee con los dedos o con la nariz? ¿O que un niños se comunique oralmente y  otro con una síntesis de voz? Si acaban realizando la misma tarea.

Eh ahí la diversidad. ¿Dónde está la disminución de la capacidad en la secretaria que escribe con la nariz? ¿Todos seríamos capaces de hacerlo? ¿Seriamos capaces de expresar en cada momento aquello que queremos o sentimos sólo a través de símbolos o gestos?

¿Discapacidad o capacidad adaptativa? Si el homo sapiens evolucionó a ser humano creando herramientas de supervivencia y ha ido evolucionando en su calidad de vida gracias a esas ayudas técnicas. ¿Qué diferencia hay en usar un lápiz o un teclado para escribir? Aparentemente son herramientas (ayudas técnicas) comúnmente utilizadas. Entonces, ¿por qué te llaman discapacitado (disminución de la capacidad) cuando escribes con la mirada a través de una WebCam? ¿Acaso no es otra herramienta?

Como dice el psicólogo Jordi Escoin: todos necesitamos herramientas (ayudas técnicas) en cada acción que realizamos: “unos al levantarse se calzan los zapatos y otros utilizan 4 ruedas.” Eh ahí la diversidad.

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