Psicóloga clínica y social

Integradora social

Formadora de formadores

Tecnopedagoga

PsicoVan

Tu mano virtual Diversidad Funcional

  
  

Quizás en la discapacidad adquirida, se dé en menor grado la influencia familiar en la construcción del futuro, si esta persona recopila recursos necesarios para sustituir las deficiencias físicas consecuentes de la discapacidad adquirida. Esta disminución del grado de influencia se debe a un pasado sin discapacidad, el cual la persona tiende a querer recuperar. Este propósito hace reafirmar la identidad de la propia persona, lo que se ve debilidad en la discapacidad congénita, donde desde un principio, la persona es dependiente de los ideales familiares y, en según qué casos, prisionera. Factor que hace más difícil la separación de identidades y la creación de una personalidad propia con la que construir un futuro individual y personalizado a pesar de las ayudas asistenciales que deba percibir por su condición física.

Éste aspeto, entre otro,se pretende reflexionar en este apartado.


 

He encontrado un artículo que expone sin tapujos la depresión en la discapacidad. Un sentimiento patente que, a veces, se quiere ocultar sin superar. Una perturbación de sentimientos derivada de la situación pero en ocasiones también de nuestro entorno.

Otras veces, no somos conscientes del grado de ese trastorno o situación anímica que, por lo general, tendemos a evitar. No obstante, surge con mayor frecuencia en las discapacidades adquiridas, puesto que como vimos en el artículo: "Proceso de adaptación y asimilación" pertenece a una de las fases por las que pasan las personas que adquieren una discapacidad en un punto intermedio de la vida.

Esto no quiere decir que en las discapacidades congénitas no persista este sentimiento o perturbación anímica. Como veremos a continuación en el artículo, pese a la adaptación y asimilación desde pequeños a nuestra discapacidad, siempre hay momentos en que surgen los “por qué’s” propios ante las adversidades encontradas.

Un artículo sencillo de entender y a la vez realista, donde creo que plasma pensamientos socialmente generados y quizás ocultados por la atmósfera optimista y de superación. Que en realidad es con la que nos tenemos que quedar.

 

Cuando alguien dice que está deprimido quiere indicar que se encuentra bajo de ánimos y tal vez de energía. Existen muchas razones realistas para este tipo de depresión, que suele ser de corta duración. También existe la depresión aguda, que puede venir después de una desgracia o accidente. Sin embargo, la depresión puede ser también una enfermedad que necesite tratamiento médico.

Muchos de nosotros hemos llegado a considerar como un signo de debilidad mostrar que nos sentimos deprimidos. En consecuencia, tendemos siempre a combatir esa sensación. Nuestras actitudes hacia la depresión suelen proceder de un acondicionamiento desde la infancia. Sin que importe lo que nos está molestando, se espera que sigamos sonriendo y de buen talante, y nos sentimos obligados a seguir estos patrones nada realistas. Esto hace todo más difícil cuando nos vemos envueltos en una situación traumática, una situación en la que probablemente nos retiraríamos a un mundo de fantasía, si no sintiésemos un cierto grado de depresión.

Algunas sociedades reconocen que la enfermedad y la tristeza son una parte de la vida, en la misma medida que la felicidad y la buena fortuna. Nuestra sociedad parece que no quiere saber nada de eso. La tragedia se esconde bajo la alfombra, sin reconocerla como una experiencia humana vital y corriente.

Las personas discapacitadas tienen que pagar un alto precio por esta actitud. Tienen que soportar a la vez sus sentimientos de desesperación y su incómoda convicción de que estas emociones son algo innatural. Si consideramos las muchas razones que hay para estar deprimido, aceptaremos que una persona con la desventaja adicional de una incapacidad no necesita luchar para permanecer inmune; especialmente si su incapacidad es progresiva o sometida a avances y recaídas  alternativos; o si le ha sobrevenido de repente, transformando de un golpe a un individuo de movimientos libres en un inválido incapaz de mover ni los dedos de los pies. Incluso los que nacieron con enfermedades físicas tienen que aprender a aceptar sus propias limitaciones; la teoría de que nadie echa de menos lo que no conoce es una tontería. En tales circunstancias, sería extraño que uno no se sintiera deprimido de vez en cuando.

Por supuesto, una depresión que se prolonga indefinidamente, sin explicación razonable, no debe considerarse como reacción inevitable de la incapacidad. La depresión puede ser un síntoma de cualquier enfermedad, o constituir por si misma una condición clínica.

La incapacidad repentina va casi siempre seguida de una devastadora depresión. Como resultado de una enfermedad inesperada, o de un accidente, tu cuerpo, sólido y familiar, se convierte en incompleto y ajeno. El destino ha intervenido, cortando, mutilando o paralizando una parte de uno mismo que siempre se dio por segura. Después del primer impacto, suele venir la incredulidad. ¡Esto no me puede estar pasando a mí! Pero este estado no dura mucho; antes o después, resulta imposible negar que de ahora en adelante todo va a ser diferente. Es imposible seguir mirando hacia atrás, recordando el pasado, tranquilo y seguro. Es igualmente imposible mirar hacia delante : el futuro es impensable. La profunda desesperación que sigue se puede comparar con un luto; nada puede compensar la pérdida.

Hay que adaptarse y el cambio de actitud se produce de una forma tan gradual que uno ni se da cuenta, pero en cierto punto comienzas a comprender que un trastorno en un área de tu vida no afecta necesariamente a todas las demás áreas. Comienzas a comprender que, a pesar de lo que le pasó a tu cuerpo, aún conservas tu identidad. Tu mente y tu cuerpo ha asimilado y se han adaptado a las nuevas circunstancias. La depresión a pasado. Te sientes preparado para afrontar el futuro.

Un estado de depresión más corriente, compartido por los no discapacitados, ataca durante ciertos periodos en lo que todo va mal. La pérdida de empleo, problemas familiares, una crisis sentimental o cualquier tensión puede dispararla. A muchas personas, la combinación de una desgracia externa y una limitación crónica les va mermando la voluntad. Pero es importante distinguir si los problemas son consecuencia de la incapacidad o habrían surgido de todas formas. Es demasiado tentador adoptar la salida fácil y echarle la culpa a la incapacidad, pero esto hace más confuso el caso, en un momento en que todas las facultades deberían concentrarse en resolver, no en complicar, el verdadero problema.

Ciertas incapacidades traen aparejado un dolor constante. La incomodidad, la pérdida de fuerza y la lucha por intentar seguir adelante son factores depresivos que no se pueden hacer desaparecer. Sin embargo, se les puede reconocer como lo que son. La fortaleza, llevada a sus extremos, hace más mal que bien, así que no hay que ser demasiado duro con uno mismo. Y no hay que ocultar los sentimientos. Es más saludable quejarse en voz alta que sufrir y resentirse en silencio.

En ocasiones, se puede combatir la depresión con acción; convertir la depresión en fuerza útil y luchar contra aquello que se puede controlar: las barreras hechas por el hombre, que hacen tan difícil la vida diaria; o las actitudes sociales basadas en el prejuicio, la falta de imaginación o la falta de experiencia.

 

Articulo de TECNUM

Tengamos discapacidad congénita o adquirida, siempre hay momentos de bajón en nuestro día a día. Momentos en que nos preguntamos el por qué…:

  • ¿Por qué a mí?
  • ¿Por qué estoy así?
  • ¿Por qué no puedo hacer esto…?
  • ¿Por qué dependo de un tercero?

Son por qué’s que, en ocasiones, pueden llegar a producir:

  • Ansiedad
  • Frustración
  • Tristeza
  • Rabia
  • Impotencia
  • O incluso, depresión

Pero… ¿hay respuesta para esos por qué’s? En la mayoría de los casos no la hay, la vida nos ha llevado a esa situación de dependencia. Sólo podemos intentar apaciguar estos síntomas de malestar.

¡Ósea que vamos a lo práctico!

Estos ¿Por qué’s? suelen surgir ante la imposibilidad de hacer algo que queremos, ¿verdad? Y somos conscientes que tenemos dos opciones:

  • Martirizarnos a nosotros mismos con el ¿Por qué?
  • O pasar página

¿Cuál elegirías? ¿La segunda buscando alternativa? No, por lo general se elige la primera porque los humanos nos guiamos por los impulsos.

El psicoanálisis emplea el término pulsión (impulso que tiende a la consecución de un fin) para el estudio del comportamiento humano. Se denomina pulsión a las fuerzas derivadas de las tensiones somáticas en el ser humano, y las necesidades del ello; en este sentido las pulsiones se ubican entre el nivel somático y el nivel psíquico.

La pulsión es un impulso que se inicia con una excitación (estado de tensión), y cuya finalidad última es precisamente la supresión de dicha tensión.

Son estas pulsiones las que nos hacen elegir casi siempre la primera opción, resistiéndonos a la sacrificación del no poder. Impulsos que nos evocan a los distintos por qué’s, invadiendo nuestro espectro creativo e impidiendo pasar página.

Así pues, quizás no podemos hallar el “por qué” de nuestras inquietudes, pero por lo menos hemos intentado buscar explicación al por qué del surgimiento de estos por qué’s, anticipador siempre de la segunda opción.

 

Imagen ilustrativa de dos caminosComo veremos, en función del momento de la aparición, hablaremos de discapacidad congénita o sobrevenida. Hay varias causas: factores congénitos, hereditarios, cromosómicos, por accidentes o enfermedades degenerativas, neuromusculares, infecciosas o metabólicas entre muchas. También vamos a encontrarnos con variedad de consecuencias funcionales: diversidad en los grados de afectación, diversidad en las áreas que puedan estar afectadas ... etc.

Describimos y comparamos a continuación ambas clasificaciones:

 

ADQUIRIDAS

La discapacidad adquirida se considera como aquella debida a un accidente o enfermedad producida a lo largo de la vida, y que conlleva una serie de deficiencias que dan un giro a la cotidianidad de la persona.

Por ello, es interesante descubrir cómo influyen los factores psicosociales de su entorno en la recuperación de su autonomía y cómo se enfrenta a ella la propia persona. Dado que, en estos casos, el pasado, presente y futuro juegan un papel importante en la recuperación de este constructo. Puesto que, dependiendo como haya sido el pasado y como asimile el presente, variarán los factores psicológicos en vistas a un futuro, y en el que también intervienen la influencia de su mesosistema.

 

CONGÉNITAS

La discapacidad física presenta limitaciones en la realización de movimientos. También pueden estar afectadas otras áreas como el lenguaje o la manipulación de objetos. Algunos ejemplos conocidos pueden ser la parálisis cerebral, la espina bífida, las amputaciones...

En la discapacidad orgánica son los órganos internos los que están dañados, por eso muchas veces se asocia a enfermedades que no son perceptibles. Algunos ejemplos conocidos son fibrosis quística, trasplantes riñón, pulmón, cardiopatías, etc

Por tanto, en los casos de discapacidad congénita, el individuo nace y se desarrolla con unas limitaciones determinadas y en su proceso de evolución, aprende a sortear los obstáculos de la misma manera de potenciar sus recursos.

 

ANÁLISIS COMPARATIVO

Partiendo de estas dos definiciones, el concepto de discapacidad puede variar según sea la edad de inicio y el tipo de lesión. Así, se clasifica en congénita y adquirida y en transitoria, estática y progresiva. En cuanto al tipo de lesión, se considera transitoria la que remite completamente, independientemente del tiempo de duración de su sintomatología. Un ejemplo podría ser el síndrome de Guillain-Barré. Sin embargo, si bien es verdad que la mayoría de veces este síndrome se cura sin secuelas, no ocurre lo mismo en todos los casos.

Conceptos como la discapacidad estática se refiere estrictamente al tipo de lesión y a la forma de producción de la misma. Sin embargo, como que el niño no es un ser estático sino dinámico, en continuo desarrollo, las lesiones que en teoría son estáticas están sujetos a cambios durante el crecimiento y por tanto pueden mejorar o empeorar, como en el mielomeningocele.

Finalmente, la discapacidad progresiva o degenerativa, como en el caso de la distrofia muscular de Duchenne, obliga a adaptar constantemente la vida durante su evolución.

La discapacidad tiene un importante impacto sobre el crecimiento y desarrollo, algunas ocasionando trastornos de peso y talla como en la artritis idiopática juvenil o la fibrosis quística, alteraciones del perímetro craneal en el caso de la hidrocefalia, o dismetría de extremidades como en las hemiplejías o parálisis braquial obstétrica. Es muy importante valorar el impacto sobre el desarrollo psicomotor, dependiendo de la edad en que se produce la lesión y su evolución, ocasionando alteraciones neuropsicológicas que interferirán directamente en el desarrollo escolar y sociofamiliar del niño, Febrero A. (2003)

Pero como hemos visto, la discapacidad congénita y la adquirida, adopta matices diferenciales respecto a la adaptación ante lo cotidiano. Unos matices que afectan tanto a la persona con discapacidad como a su familia.

El principal matiz es la adaptación a ésta, donde puede ser lógico admitir que, en el caso congénito, esta adaptación es más fácil para la propia persona, ya que no ha conocido otra condición física. Sin embargo, los padres de niños afectados por algún tipo de discapacidad, son generalmente caracterizados como depresivos, sobreprotectores, culpabilizadores, propensos a la negación o el rechazo. Tal vez, se incurre en un grave error al generalizar estas características dado que su reacción es una consecuencia de la difícil situación en que se encuentran. Esta se potencia como resultado del rechazo social, lo que, a su vez, lleva a la familia a aislarse de su medio. En resumen, una cadena causa-efecto muy negativa, como menciona Martin L.

Pero al mismo tiempo, esta posible facilidad de adaptación que se pueda tener en la infancia, se ve reducida progresivamente a medida que se va creciendo. Dado que el niño se va dando cuenta de lo que le gustaría hacer y no puede debido a su condición física. La frustración, la envidia y la impotencia son factores psicológicos que pueden convivir durante el crecimiento y la maduración. Factores que lo persiguen hasta una cierta edad, en la que posiblemente ya ha podido crear el futuro moldeado a su condición física.

Futuro que, dependiendo del grado de discapacidad, puede estar condicionado a los intereses o ideales familiares. Donde la unidad familiar incide directamente sobre el futuro de esta persona, lo que lo hace un ser pasivo a merced de la visión y opinión de la familia.

Por otro lado, podemos observar como en la discapacidad adquirida la adaptación es para ambas partes, tanto por la propia persona como por su entorno. Dado que la situación provoca un vuelco global que afecta a todos aunque por supuesto, en diferente medida. Si esta discapacidad surge a partir de la adolescencia, ya no se observa la adaptación sencilla que comentábamos en la discapacidad congénita, ya que en este caso, la persona ya tiene un nivel de vida y unas costumbres que de un día para el otro desaparecen o se ven disminuidos.

Este cambio de cotidianidad, requiere un proceso adaptativo que implica una serie de factores psicológicos expuestos en el punto anterior y que lo diferencia de la discapacidad congénita. Esto hace que el proceso adaptativo sea más lento y costoso.

Al mismo tiempo, el caso de la familia se parece más al proceso de adaptación a una discapacidad congénita, aunque también interviene el factor de experiencia lo que genera una angustia añadida, dado que la familia también está habituada a otra cotidianidad, lo de repente, da un giro de 180 grados. Además de cambiar la vida de la propia persona también cambia la de su familia, lo que concuerda en parte con la experiencia vivida del entorno de una persona con discapacidad congénita.

Finalmente, quizá en la discapacidad adquirida, se dé en menor grado la influencia familiar en la construcción del futuro, si esta persona recopila recursos necesarios para sustituir las deficiencias físicas consecuentes de la discapacidad adquirida. Esta disminución del grado de influencia se debe a un pasado sin discapacidad, el cual la persona tiende a querer recuperar. Este propósito hace reafirmar la identidad de la propia persona, lo que se ve debilidad en la discapacidad congénita, donde desde un principio, la persona es dependiente de los ideales familiares y, en según qué casos, prisionera. Factor que hace más difícil la separación de identidades y la creación de una personalidad propia con la que construir un futuro individual y personalizado a pesar de las ayudas asistenciales que deba percibir por su condición física.

La Pirámide de Maslow, o jerarquía de las necesidades humanas, es una teoría psicológica propuesta por Abraham Maslow en su obra: Una teoría sobre la motivación humana (en inglés, A Theory of Human Motivation) de 1943, que posteriormente amplió. Maslow formula en su teoría una jerarquía de necesidades humanas y defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide).

Como podemos observar, estas necesidades coinciden con el deseo y el derecho de la plena integración de las personas con diversidad funcional. Una inclusión que incluye todos los sistemas de la persona; donde en este caso, debe haber un equilibrio sustancial entre la identidad y asistencia, en el cual tenga cabida el bienestar y las necesidades de seguridad o protección pero sin que estas invadan la proyección de necesidades individuales. Es decir, es necesaria la normalización de esta jerarquía para la igualdad del colectivo con discapacidad en la sociedad, y más aún en el núcleo familiar.

Pirámide de necesidades

Es por ello, que se debe actuar de forma parcial en el bienestar y ser agente pasivo ante las decisiones de las personas con diversidad funcional, para que puedan afianzar su propia identidad.

Es sabido que, en la mayoría de casos, una discapacidad física conlleva una reducción de la autonomía. Pero… ¿es la discapacidad en si o las deficiencias que la acompañan lo  que hace disminuir la autonomía?

Las discapacidades conllevan diferentes grados de afectación, lo cual comporta distintos niveles de autonomía. Al mismo tiempo, las afectaciones o déficits como sabemos, pueden ser de tres tipos principalmente: físicos, psíquicos o sensoriales.

imagen ilustrativa de discapacidadesEn el presente artículo nos centraremos en los trastornos o déficits motores que pueden presentar las discapacidades físicas, lo cual cada uno de ellos comporta a su vez distintas maneras de reducir la autonomía de la persona.

Es por ello, que es importante diferenciar una discapacidad específica de las peculiaridades deficitarias como ésta es presentada en cada persona, es decir, estará sujeta a las características con que se manifieste la discapacidad o trastorno motor en cada sujecto.

Como he dicho anteriormente, a continuación expongo los principales déficits que pueden presentar distintos discapacidades físicas dependiendo del grado de afectación:

Paraplejia: Parálisis de la mitad inferior del cuerpo, que supone la pérdida parcial o total de la función de las dos piernas.

Tetraplejia: Parálisis del cuerpo que supone la pérdida parcial o total de la función de los dos brazos y de las dos piernas.

Hemiplejia: Parálisis total o parcial de un lado del cuerpo, causada por lesiones cerebrales derivadas de enfermedad, trauma o golpe.

Ataxia: es un síntoma caracterizado por provocar la descoordinación en el movimiento en cualquier parte del cuerpo. Esta descoordinación puede afectar a los dedos y manos, a los brazos y piernas, al cuerpo, al habla, a los movimientos oculares, al mecanismo de deglución, etc.

Puede utilizarse indistintamente para el síntoma de una coordinación defectuosa del movimiento muscular, o para nombrar una enfermedad degenerativa concreta del sistema nervioso de cuantas cursan con tal síntoma. Existe una gran variedad de discapacidades y enfermedades que incluyen este signo clínico.

Apraxia, es un trastorno neurológico caracterizado por la pérdida de la capacidad de llevar a cabo movimientos de propósito, aprendidos y familiares, a pesar de tener la capacidad física (tono muscular y coordinación) y el deseo de realizarlos. Es decir, existe una disociación entre la idea y la ejecución motora (carece del control de acción).

Existen formas diferentes de apraxia:

  • Apraxia bucofacial u orofacial: la persona tiene dificultad para realizar movimientos de la cara si se le pide hacerlo.
  • Apraxia ideatoria: la persona ya no puede realizar tareas complejas aprendidas en el orden apropiado, como ponerse los calcetines antes de calzarse los zapatos.
  • Apraxia ideomotora: la persona ya no puede realizar voluntariamente una tarea aprendida cuando se le dan los objetos necesarios.
  • Apraxia cinética de las extremidades: la persona tiene dificultad para realizar movimientos precisos con un brazo o una pierna.
  • Apraxia verbal: la persona tiene problemas para coordinar los movimientos de la boca y el lenguaje.

Atonía: se refiere a un músculo que ha perdido su fuerza.

Hipotonía: es la disminución del tono muscular, también se conoce como disminución del tono muscular o flacidez.

Hipertonía: aumento del tono muscular, con aumento de la resistencia al estiramiento pasivo.

Distonía: es una dificultad en el control del movimiento que causa contracciones involuntarias de los músculos. Estas contracciones resultan en distorsiones y movimientos repetitivos. Algunas veces son dolorosas.

La distonía puede afectar solamente un músculo, un grupo de músculos o todos los músculos. Los síntomas pueden incluir temblores, problemas en la voz..

Espasticidad: es un trastorno motor del sistema nervioso en el que algunos músculos se mantienen permanentemente contraídos. Contracción que provoca la rigidez y acortamiento de los músculos e interfiere sus distintos movimientos y funciones: deambulación, manipulación, equilibrio, habla, etc.

La espasticidad está causada habitualmente por daños en las zonas del cerebro o de la médula espinal que controlan la musculatura voluntaria. Suele aparecer asociada a traumatismos del cerebro o de la médula espinal, esclerosis múltiple, parálisis cerebral, hipoxia o ictus cerebral, Enfermedad de Tay-Sachs, algunos desórdenes metabólicos como la adrenoleucodistrofia o la fenilcetonuria. Cursa normalmente con hipertonía, calambres (rápidas contracciones sin movimiento notable), espasmos e hiperreflexia de tendones profundos (reflejos exagerados). El grado de espasticidad varía desde una leve rigidez muscular hasta graves, dolorosos e incontrolables espasmos musculares.

Espasmo muscular: es una contracción involuntaria de un músculo o grupo de ellos que puede hacer que estos se endurezcan o se abulten. Puede darse a causa de una insuficiente oxigenación de los músculos o por la pérdida de líquidos y sales minerales.

 

Facebook