Psicóloga clínica y social


Integradora social


Formadora de formadores

PsicoVan

Tu mano virtual en Diversidad Funcional

  
  

Quizás en la discapacidad adquirida, se dé en menor grado la influencia familiar en la construcción del futuro, si esta persona recopila recursos necesarios para sustituir las deficiencias físicas consecuentes de la discapacidad adquirida. Esta disminución del grado de influencia se debe a un pasado sin discapacidad, el cual la persona tiende a querer recuperar. Este propósito hace reafirmar la identidad de la propia persona, lo que se ve debilidad en la discapacidad congénita, donde desde un principio, la persona es dependiente de los ideales familiares y, en según qué casos, prisionera. Factor que hace más difícil la separación de identidades y la creación de una personalidad propia con la que construir un futuro individual y personalizado a pesar de las ayudas asistenciales que deba percibir por su condición física.

Éste aspeto, entre otro,se pretende reflexionar en este apartado.


 

Cierto es que con frecuencia casi todo lo que hacemos las personas con diversidad funcional es supervisado o, en ocasiones, cuestionado. Lógicamente, estas no son opiniones gratuitas ni hechas con mala fe, sino que, en mi opinión, son fruto, como muchas cosas, de la sobreprotección dada de la necesidad de asistencia. Ese sentimiento de fragilidad que les proyectamos y que he comentado en varios artículos.

Ante tal sentimiento, cuando decidimos hacer o tomar decisiones propias, nos encontramos que se añade un nuevo sentimiento por parte de nuestro entorno: el temor. "¿Pero podrás estudiar eso tan difícil?" "¿Seguro que puedes ir solo/a?" "¿Pero ¿cómo vas hacer esto tú?" Aunque a veces creamos lo contrario las personas con discapacidad, no es que nuestro entorno no nos crea capaz, sino que tienden a generar un mecanismo de defensa por tal de protegernos de cualquier peligro.

En otras ocasiones, no entienden nuestras decisiones, pues piensan que no serán beneficiosas para nosotros y que, a su parecer, hay alternativas mejores.

En ambos casos hay que intentar convencer a nuestro entorno, con argumentos y hechos, que son decisiones que nos ayudan a construir nuestra propia identidad, independientemente de la asistencia que necesitemos.

Mando de la sillaPor poner un ejemplo, hace 5 años, cuando acabé la carrera de psicología, hubo personas que decían: “¿Y ahora qué harás?”, “Tú no puedes trabajar.”, “¿No te quedarás todo el día en casa?”, “Tienes que salir y relacionarte.”, “¿Y si vas a un centro ocupacional?”, etc… Pero, poco a poco, entendí que con esas sugerencias e inquietudes sólo pretendían buscar lo mejor para mí.

Entonces, me surgió una auto-pregunta que ya me había hecho justo antes de empezar mi camino académico ordinario: ¿Tengo que hacer lo que me dicen o seguir eligiendo mis propias metas?

Obviamente, quizás como buena tauro, cabezona, escogí seguir haciendo de las mías y continuar creándome objetivos y metas. Así que empecé por especializarme aún más realizando cursos y seminarios de extensión universitaria, haciendo de ponente en jornadas, pudiéndome incorporar como una psicóloga más en dos grupos de trabajo del Colegio Oficial de psicología de Catalunya, al mismo tiempo que participo activamente en una mesa de entidades; también colaboro en varios portales de psicología escribiendo artículos e incluso he tenido la oportunidad de poder trabajar de formadora de tres cursos en línea.

Este último hecho me llevó a darme cuenta que quizás un posible futuro laboral sea gracias al E-learning o formación en línea. Es por ello que, desde el año pasado, estoy cursando el máster Universitario en Educación y TIC (e-learnig) de la UOC, compaginándolo con los grupos de trabajo, la mesa de entidades y teniendo la oportunidad de hacer de Webmaster de algún CEE y asociación. Porque no se puede dejar escapar ninguna oportunidad.

Pero, después de este rollo que os acabo de dar, donde algunos pensaréis: “Y a mí que me importa tu vida.”. Pues, como dije, tan sólo es un ejemplo de tantos que existen donde, como se puede observar, en cinco años he podido ir dando respuestas a todas las inquietudes planteadas por el entorno, en gran medida gracias a las oportunidades.

En ningún caso se trata de hacer el contrario a lo que te dicen, sino acogerlo con cariño y tenerlo en cuenta, pero decidir uno mismo su propio camino. Porque, aunque necesitemos ayuda para según qué cosas, tan sólo tenemos una vida y tenemos derecho a decidir cómo vivirla, evitando hacer nuestros los temores del entorno.

Dado que sólo decidiendo por nosotros mismos nuestros propios objetivos y metas, construiremos nuestro propio yo, el cual nos dará la creación de una identidad propia y única con la cual disfrutar de aquello que hacemos sin ser prisioneros de los temores de los demás.

Recuerda: Vive cada momento a tu manera.

 

Es cierto que casi siempre intento escribir artículos con pautas orientativas o positivas. Pero esta vez quisiera que PsicoVan también sirviera como espacio de ayuda mutua, donde compartir experiencias que puedan ser de ayuda o de interés para otras personas.

Rompiendo barreras

Por ese motivo hoy quiero compartir mi experiencia que tengo con mi compañera la disartria. Si, esa que me acompaña desde que dije mi primera palabra y se compincha con mi amiga  la espasticidad para que la gente que apenas me conoce no me entienda y justo cuando me esfuerzo vocalizando más, aparecen ellas, las dos juntitas, para desequilibrar mi habla y mi cuerpo. Son como las mujeres, que dicen que siempre vamos juntas o de dos en dos al lavabo, pues ellas igual, en el momento menos oportuno se apoderan de mí.

Pero si ellas son puñeteras (disartria y espasticidad) conmigo, yo con ellas tampoco me quedo corta. Siempre he querido batallar contra ellas, sobre todo con mi compañera la disartria, y esforzarme para comunicarme con la gente por mis propios medios, es decir, era reacia a utilizar sistemas aumentativos y alternativos de comunicación. Quizás egoístamente pensaba que con un poco de atención todo el mundo me podía entender.

Y es que siempre he sido muy cabezona para lo bueno pero también para lo malo como en este caso, que no sólo perjudicaba a los que no conseguían entenderme, sino que me estaba perjudicando a mí misma, cerrándome puertas porque no me entendían. Creía que utilizando un abecedario de papel, que me había creado yo misma cuando hacía el ciclo formativo de integración social y que hacía servir cuando no me entendían alguna palabra, ya era suficiente. No me daba cuenta que de esa forma no le ganaba la batalla a la disartria.

Así hasta fui de voluntaria a un congreso europeo de sistemas aumentativos y alternativos de comunicación, con mi abecedario de papel realizando encuestas sobre accesibilidad. Paradójico ¿verdad? Recuerdo que me vino a saludar una logopeda que me conocía desde pequeña y me dijo: “¿dónde vas con eso aun?”

Pero mi cabezonería persistía y no por falta de alternativas y sugerencias, dado que el director de un CEE, que es el que me dio la oportunidad de ser voluntaria en ese congreso, siempre me decía: tienes que buscar un sistema para comunicarte mejor, hecho que también me recomendaban en el servicio de recursos de ese mismo CEE que tanto me ha ayudado. Pero nada, seguía en mis trece, decía: “Pero si mis compañeros de universidad con esfuerzo me entienden.” Claro, casi no hablaba.

Y así seguí hasta que me di cuenta por fin que necesitaba un sistema de comunicación cuando empecé a realizar presentaciones con síntesis de voz para que me entendieran, pero aún más me percaté cuando empecé a ir a un grupo de trabajo de psicología y discapacidad del colegio oficial de psicólogos de Cataluña y aun siendo profesionales del ámbito de la discapacidad, ninguno me entendía.

Es ahí donde me di cuenta que el problema era mío, que en mi batalla contra la disartria estaba involucrando a los demás, pidiéndoles un esfuerzo que sólo debía solucionar yo apartando los perjuicios y buscando alternativas que mejoraran mi comunicación ante las relaciones sociales y laborales, dado que yo misma me creaba una barrera batallando con mi compañera la disartria.

El primer paso y el más difícil ya estaba dado: reconocer que había un problema a solucionar. ¿Pero qué sistema aumentativo y alternativo de comunicación me iría mejor? Estaba claro que sería alfanumérico y con síntesis de voz, así que me dispuse a probar aplicaciones gratuitas para móviles y tabletas dado que son dispositivos que puedo llevar a cualquier parte. Y la verdad es que me funcionaba bastante bien sobre todo en las reuniones de grupos de trabajo, pero mi cabezonería siempre encuentra alguna objeción: unas aplicaciones tenían los botones pequeños, otras al ser gratuitas llevaban publicidad y sin querer le daba y eso interrumpía mi discurso, también me encontraba con aplicaciones de letra pequeña, etc. Así que tenía que volver a buscar una solución para la solución que me iba tan bien.

¿Y qué mejor que buscarse la vida una misma en crear una aplicación a medida? Así creé la aplicación “comunicant”, la cual incluye todas las peculiaridades antes mencionadas, aparte de poder compartir el texto con cualquier aplicación instalada en el teléfono móvil. Eso permite escribir tranquilamente con letra grande, a tu medida, y sin temor a enviar el mensaje antes de tiempo.

Gracias a este sistema de comunicación he podido presentarme en un nuevo grupo de trabajo de psicología y tecnología sin ir acompañada de un traductor y poder ir a reuniones de entidades sin temor a ir sola y que no me entiendan. Incluso por la calle puedo sacar el móvil si no me entienden lo que pregunto. Me he dado cuenta de lo que ya sabía, hacía pedagogía de ello pero no me lo aplicaba. Y es que no debemos buscar siempre conseguir avanzar con estereotipos establecidos, muchas veces una pequeña ayuda técnica puede ofrecer mucha más autonomía que aquello que se considera “normal”, como en este caso la comunicación oral.

Por eso con esto quiero dar las gracias a los profesionales mencionados anteriormente por sugerirme e insistir que tenía que complementar mi comunicación con un sistema alternativo. Gracias a ello ahora soy más autónoma y aunque conviviré eternamente con mi compañera la disartria, el viaje no será tan tortuoso.

Puede que también esta experiencia particular pueda servir para que la aplicación sea utilizada por más personas con las mismas características motoras y comunicativas que las mías.

Por ese motivo, he puesto a disposición pública y gratuita la aplicación y así contribuir a crear una mayor comunidad de ayuda mutua. Porque compartiendo nuestra experiencia podemos hacer crecer el enriquecimiento informativo y ayudar a otras personas que estén en esta misma situación.

FD. PsicoVan

A veces me gusta reflexionar sobre los conceptos y etiquetas que nos envuelven e intentar buscar un posible “por qué”.

Más allá de las conocidas etiquetas: discapacitados, cojos, enfermos o inválidos, se ha puesto de moda que somos especiales o tenemos capacidades especiales. Adjetivo último que me resulta, por lo menos, curioso. No sé a vosotros que os evocará esta  expresión, a mí personalmente me recuerda a la ciencia-ficción, donde los superhéroes tienen capacidades especiales.Mirada

Pero paradójicamente, está extendida la idea de que las personas con diversidad funcional somos inferiores al resto de sociedad.  ¿No os ha pasado nunca que vais por la calle y os dicen: “pobrecita o pobrecito”? Si nos paramos a comparar entre las etiquetas que nos asignan, entre “capacidades especiales” y el “pobrecitos” emerge una cierta contradicción. Sin darse cuenta, con la primera expresión nos infravaloran y con la segunda nos desvaloran.

Entre ambos tópicos, siempre es mejor quedarse con el positivo: En la actualidad tener diversidad funcional es tener capacidades especiales. Pero… ¿por qué? E ahí mi reflexión:

¿Qué significa tener capacidades especiales?

  • ¿Utilizar silla de ruedas, caminador o bastón para andar? Nadie utiliza los mismos zapatos ni anda igual que otro.
  • ¿Aprender a un ritmo diferente? Quién lee o escribe igual que otro.
  • ¿Necesitar una herramienta adecuada para escribir, o leer o hablar? Un panadero tampoco utiliza lo mismo que un carpintero.

En definitiva, no hay nadie que haga igual las mismas cosas que otro. “Si hay un secreto del buen éxito reside en la capacidad para apreciar el punto de vista del prójimo y ver las cosas desde ese punto de vista así como del propio.” (Henry Ford). El único secreto que yace de la etiqueta “capacidades especiales” es la visibilidad que se da a la forma de hacer las cosas, que no es más que la capacidad individual.

Y si la capacidad se refiere a los recursos y aptitudes que tiene un individuo para desempeñar una determinada tarea o cometido, entonces, todos tenemos capacidades especiales. Lo único que nos diferencia a las personas con diversidad funcional es la resonancia que se le da a nuestra forma de ejecutar las capacidades. Esa tilde que los demás ponen en nosotros y que, a veces, uno mismo pasa por alto es la que tenemos que aprovechar para avanzar y ser uno más.

Porque creyendo en nuestras posibilidades, aremos creer a los demás,  reduciendo la diferencia visible ante el ser que llevamos dentro. Por lo que lo único especial que tenemos es la esencia interior de cada uno que hace que lo especial se convierta en lo común.

Aprendamos a valorar nuestro interior, para que lo “especial” no sea nuestro exterior. Como dice Frida Kahlo – Pintora mexicana con discapacidad: "Para qué quiero piernas, si tengo alas para volar"

 

Foto de libretadLlegan fiestas, celebraciones, días de supuesta alegría. Donde la gente sale, queda, va de compras… En definitiva, días de ilusión, encuentros y reencuentros.

Pero estaréis pensando: ¿y los que no podemos hacer todo eso? ¡Existimos! Sí señor, y no sois pocos, ni raros. Estáis, pequeña población, pensando: yo no salgo, no quedo, no puedo ir a comprar regalos si no es con mi propia familia.

No os fustiguéis, estas líneas van para vosotros, escritas con conocimiento de causa. Si, para aquellos que no os gustan las fiestas navideñas, que os entristecen, que  os irritan, etc. ¿Habéis pensado por qué os sentís así? Y lo más importante: ¿Vale la pena?

Dejadme dar una mirada fría, puede que dura, pero realista y positiva a la vez. Muchos pensaréis: Es que son días de nostalgia, donde recordamos a los que se han ido…. Y pregunto: ¿el resto del año no se recuerdan? Y alguno dirá: si, pero no hay tantas comidas familiares. ¿Y los cumpleaños y vacaciones? Otro pensará: pero yo estoy triste porque nadie me llama para salir. ¿Y el resto del año, te pasa? Y aún quedará el que diga: Es que estas fiestas  me crean impotencia porque no puedo ir a comprar regalos sin que se enteren. ¿Y para los cumpleaños, si? En definitiva, ¿por qué nos sentimos así en fechas navideñas?

Como vemos, se tiende a magnificar nuestro instinto más social y esto puede hacer que nuestra dependencia, es decir, el hecho de necesitar de terceros para realizar ciertas actividades como ir de compras, se haga más visible por estas fechas. Dicho de otro modo, estas fiestas nos hacen más conscientes de aquello que no podemos hacer, ese deseo observado en los demás.

Deseos humanos innatos de dar y ser correspondidos  que se ven frenados por una realidad, quizás enmascarada el resto del año por nuestra rutina cotidiana, que se hace más visible y consciente en estos días donde la ilusión de compartir nos invade, aumentando ese sentimiento de ausencia recordando lo perdido o lo añorado.

Invadidos por eso sentimientos nostálgicos, nos olvidamos de todo aquello que podemos hacer, de las alternativas que tenemos a nuestro alcance para suplir esa dependencia. Buscando una vinculación social estandarizada en nuestra sociedad, dejamos de lado nuestra esencia: la diversidad.

Emociones que nos evitan o dificultan encontrar esas soluciones,  presentes en nuestro día a día, que nos permiten superar obstáculos y nos hacen ser uno más. Quizás nos olvidamos de ser  nosotros mismos, invadidos por el deseo de ser como los demás.

Pero nadie es igual y de la diversidad nace el enriquecimiento, por eso debéis indagar en vuestro interior para  hallar alternativas. ¿Por qué se han de comprar los regalos si los podemos crear? ¿O acaso son más valiosos unos zapatos que un escrito o un poema hecho con el corazón? ¿Por qué queremos seguir con la materialización de los regalos?

Por otro lado, ¿por qué entristecernos ante los recuerdos? Si los podemos revivir recordando, visualizando bonitos momentos compartidos que nos hacen sonreír al recordarlos e incluso nos da energía para seguir adelante si los tenemos presentes de manera positiva.

La angustia nos impide ver esas alternativas de la vida, esas soluciones creativas  que nos permitirían amanecer y pensar: ¿Qué voy a hacer hoy y cómo? En vez de decir: ¿Por qué no podré hacer tal cosa o ver otra vez a esa persona?

El pasado no vuelve, el futuro estar por llegar, vive el presente buscando alternativas, porque la tristeza y el lamento no te las traerán. Eso no quiere decir que la añoranza sea mala, todo lo contrario, hay que añorar recordando lo vivido pero disfrutando el momento. Porque la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas que surgen en el camino, no en las que anhelas.

No busques, encuentra y hallarás motivos para ser feliz también en Navidad.

¡Felices fiestas pero mejor vida!

Las personas con diversidad funcional, frecuentemente, nos topamos con una barrera social común, que si no tenemos un autoconcepto sólido de nosotros mismos puede frenar nuestras expectativas.

Esta barrera social a la que me refiero es la duda de los demás hacia aquello que nos proponemos. A quién no le ha pasado el desear seguir un camino académico ordinario y que los profesionales o la propia familia piense, o incluso digan, que no tenemos la capacidad suficiente para aquello? Opinión externa que, queramos o no, nos influye muchas veces de forma directa ante nuestra decisión.autoconcepto

Esta barrera social no deja de ser un perjuicio que, al mismo tiempo, se convierte en un mecanismo de defensa, sobre todo por parte de la familia ante el temor de un posible fracaso. Se cae en la ignorancia de lo desconocido, volviendo más débil aparentemente al que será o puede ser más fuerte.

Es curioso observar como la mayoría de veces las limitaciones se convierten en capacidades gracias a una fuerza interior que combate este perjuicio exterior. El cual, como he dicho anteriormente, en un principio puede debilitar, pero con el paso del tiempo se debe convertir en una herramienta que forje los cimientos de nuestro autoconcepto, porque tan sólo con él conseguiremos lograr lo que nos propongamos.

Si forjamos un buen autoconcepto nos será más fácil afrontar los obstáculos que se  nos presentan. Por ejemplo, ante la disyuntiva antes planteada sobre si podemos realizar o no un determinado estudio, podemos resignarnos a la opinión de los demás o creer en nuestras posibilidades e intentarlo. Si optamos por la segunda opción, estamos construyendo una personalidad sólida con identidad propia que nos ayudará a minimizar los obstáculos, aprendiendo a buscar estrategias de resolución, en vez de relegarnos a la culpa o pena. Como dice Wayne W. Dyer en su libro "tus zonas erróneas": ‘así como pienses, será como eres’.

No es que somos diferentes, ni más fuertes ni más débiles, es que nos acostumbran a verlo así. La sociedad está llena de estereotipos y la discapacidad no deja de ser uno de ellos, que además se subraya ante las diferencias. Unas diferencias que nos ayudan a luchar por ser iguales, sin darnos cuenta que esta diversidad nos fortalece ante la llamada normalidad, ¿quién determina lo normal o anormal? Como decía Aristóteles: “la realidad subjetiva” y la normalidad está dentro de esta realidad, por lo que lo diferente y lo normal pertenece a la opinión individual, que se ve extendida creando etiquetas sociales como el “no podrá”, “no será capaz”, etc…

Pero la raíz de estos pensamientos no deja de ser humana, individual y personalizada, sujeta a cada pensamiento y manipulada por la popularidad de una unidad social mayor que la población con discapacidad. Por eso no debemos dejarnos llevar por un idealismo estático en la forma pero dinámico en las tendencias. Si evitamos la homofobia y el racismo, generando una multiculturalidad, ¿por qué no se debe incluir a la diversidad funcional en esta multiculturalidad?

Volviendo a la subjetividad social, ante este convulso tema, debemos retomar las opiniones personales para alejarnos e inhibir los estereotipos o etiquetas que puedan detener nuestro camino por la vida. Un camino personal y único, que debemos construir nosotros, con nuestras capacidades y limitaciones, porque al fin y al cabo, los objetivos y los límites se los pone uno mismo independientemente de lo que dirán.

Si somos capaces de seleccionar todo aquello constructivo que procede del exterior, construyendo una crítica propia y objetiva, conseguiremos elaborar un autoconcepto que nos permitirá encontrar la felicidad durante el camino y no vivir en busca de la felicidad.

El límite y las metas sólo las pone uno mismo.

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